Quino, un último adiós al cómico argentino

  • Camila Villalba
  • 7 octubre, 2020

Durante la mañana del día 30 de septiembre, a exactamente 2 días del cumpleaños de Mafalda, familiares informaron el fallecimiento de Joaquín Salvador Lavado Tejón. Así, a sus 88 años de edad, el padre de la pequeña y curiosa niña de caricatura cerró sus ojos para volverse inmortal. Las lágrimas de sus seguidores recorrieron el mundo, buscando honrarle homenaje al querido maestro que, desde la muerte de su esposa Alicia Colombo tres años atrás, pasaba sus días en su ciudad natal de la región andina de Mendoza.

Desde joven el pequeño artista descubrió su amada vocación como dibujante de historietas cómicas, de modo que a la edad de 18 años tomo la decisión de trasladarse a la Ciudad de Buenos Aires para probar suerte en las grandes editoriales locales. Sin embargo, pasaron tres años hasta que el conocido Quino logró publicar uno de sus trabajos. Con el tiempo su situación económica mejoró y su popularidad creció. Sin embargo, su nombre pasó al muro de la fama de los dibujantes en el año 1964.

El día 29 de septiembre apareció por primera vez en la historia una pequeña muchacha de cabello azabache que detestaba la sopa. El éxito de Mafalda no reconoció fronteras nacionales y su popularidad se extendió a lo largo del continente e, incluso, cruzó el Atlántico para enamorar al viejo mundo. Así es como, sin siquiera imaginarlo, el artista mendocino se difundió por el mundo adquiriendo nuevos seguidores y fanáticos que, al igual que los argentinos, sienten su partida.

Ese día, solo resultó ser la punta del iceberg del éxito del, socialmente apodado, padre de Mafalda.  Lo que comenzó como un inocente dibujo de una típica familia de clase media y su vida diaria, se convirtió en una saga de 26 ediciones en habla hispana incluyendo las recopilaciones integrales. Además, esta peculiar niña es adoptada aun hoy en día como símbolo de diversas campañas publicitarias y de concientización de diversas organizaciones. Y eso no es todo, con el paso de los años se han levantado varios monumentos a lo largo del mundo en su honor, incluyendo sobre todo el que decora las calles de San Telmo, lugar donde Quino se reubicó al llegar a la capital.

Por otra parte, a decisión del autor, las tiras cómicas de la joven, con sus típicos vestidos de colores y su moño combinado, dejaron de dibujarse en el año 1973 creando un descontento en sus seguidores. No obstante, Mafalda, su odio hacia la sopa y sus reflexiones de la cotidianeidad siguieron (y siguen) trascendiendo generación tras generación convirtiéndose en un importante símbolo de nuestro país.

Pero la fama de Joaquín no terminó en 1973. Pese a su decisión, el mendocino continuó creando diversas tiras humorísticas que posteriormente se agruparon en números especiales. En el año 1984, fue seleccionado para formar parte del equipo de jurados del Festival de Cine de la Habana, donde conoce a uno de los directores cine que, tiempo después, se convertiría en su socio. Así, Juan Padrón presenta junto al Instituto de Cine de Cuba una serie basada en las tiras cómicas e ideas del gran Lavado Tejón.

Este solo sería el primer salto de las obras de Quino a la televisión, dado que, en 1993, una productora española compra los derechos y le da vida en 104 episodios a la pequeña amada por todos. Luego de 20 años, Mafalda volvía a aparecer en un nuevo formato. De esta forma los capítulos de 1 minuto de duración, dirigidos por nada más ni nada menos que el mismo Padrón comenzaron a difundirse por Italia y luego por la República Argentina.

A lo largo de su carrera, el humorista gráfico cultivó grandes premios y homenajes en todo el mundo como, por ejemplo, la Orden Oficial de la Legión de Honor (Francia), el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación (España) y tuvo el placer de inaugurar la edición número 40 de la Feria del Libro de Buenos Aires. Aunque, por otra parte, nada se compara con la magia de su obra que traspasó fronteras y que sin lugar a duda enamoró a sus seguidores.

Hoy, a exactamente una semana de su defunción, lo recordamos, lo añoramos y, en algunos casos, aún lamentamos su pérdida. Quino fue, es y será siempre una gran figura de la literatura nacional que logró recorrer el globo de la mano de su pluma y su creatividad. Su humor nos seguirá acompañando, inspirando e invitándonos a la reflexión de una realidad que cambia pero que, a grandes rasgos, sigue presentado esas disfunciones que preocupaban al amado personaje de nuestra niñez y sus amigos.

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