Lolla Palooza: metaleros con purpurina

  • Camila Meriño
  • 3 abril, 2017

Viernes 31 de Marzo del 2017

Los fanáticos de Metallica teñían de negro el paisaje nublado de un Hipódromo mucho más grande que otros años. Con sus remeras metaleras se mezclaban con las vinchitas de flores, la purpurina en las mejillas, los vestidos y los stickers en la frente. Uno de los puntos fuertes del Lolla, es esta variedad etaria y de estilos que se fusionan como espectadores de un mismo escenario.

Algunos arrancamos el desfile vespertino de géneros musicales con un León Gieco sonriente y afilado.; y pudimos susurrar La Memoria al unísono mientas íbamos adecuándonos a la nueva disposición de los escenarios. El Main Stage 1 muy cerca del 2; el Perry’s (exclusivo de música electrónica) bien cerca de la entrada y un Alternative que se encontraba más o menos en la otra punta de San Isidro. Sectores de baños algo escondidos por numerosas media-sombras multicolores. Algo así como quince, o veinte food trucks (Sí, veinte para doscientas mil boquitas hambrientas). Un centro de merchandising, que si bien manejaba precios exorbitantes, ofreció mayor variedad y souvenires muchos más originales y divertidos que los años anteriores. Y un par de puntos de hidratación que nos salvaban la vida cuando necesitábamos energía extra después de algún que otro pogo.

Pasó Cage the Elephant con corridas frenéticas y un pseudo play back, por momentos dudoso. Matt Schultz hizo su aparición con una camisa rojo furioso, un estado atlético envidiable (para bancarse la maratón en la que se convirtió su performance), y un par de mocasines dorados que brillaban tanto que hacía doler la cabeza. El publicó gritó, Matt corrió, y Cage The Elephant nos dio lo que queríamos: mucho indie rock alternativo para saltar y enchufarnos al espíritu Lolla Palooza. Con clásicos como Cry Baby, Spiderhead, y Come a Little Closer revoleamos la cabeza para todos lados alcanzando la energía que el mismo Matt transmitía desde el escenario con sus saltos.

“¿No fuiste a ver a The XX? ¡Fue lo mejor de todo el día!”, dijo una chica a sus amigos caminando por Márquez, cuando nos estábamos yendo. Y no se quedó para nada corta. Sonidos cuidados, y un estilo único primaron en un show que no tenía matices e intercaló temas dream pop para saltar y otros tantos para balancearse y cantarse todo con el desconocido que tenías al lado. Pocas palabras, pero mucha pasión.

Llegaron los esperados The 1975 con un Matty Healy que desbordaba en drama queen y aportó la cuota de synth pop que necesitábamos. Si bien nos quedamos con ganas de Robbers, nos acarició los corazones con una batería de temas joviales que te obligaban a cantar a cappella. A cuatro canciones de iniciado el show, Healy abandonó su saco y camisa abotonada hasta el cuello, para reaparecer con un look mucho más veraniego. ¡Demasiado acostumbrado al invierno londinense, Matty! Solamente sobraron un par de nubes: pero el atardecer nublado matcheaba el estilo y todos brillábamos con sonrisitas.

Tove Lo con sus bailes lentos e increíble voz enamoró al público, y cabe decir que había más de una remera de Metallica cantando a la par. El desenlace fue un topless desinteresado pero cargado de sentido. Chapeau para Tove Lo. Pegadito hizo su aparición un tal G-Eazy. Sobre todo, agradecido, moldeó la onda de la multitud a su parecer y nos hizo vibrar; hasta a aquellos que no sabíamos una sola línea de sus raps. Order More fue el plato fuerte y Me, Myself and I se coronó como la cerecita del postre. Nos hizo cantar con él un tema, carente de laureles, dedicado a su presidente. Un artista emergente que tiene mucho futuro.

Metallica reunió a más de cien mil personas que menearon sus cabezas al son de la minuciosamente tocada guitarra eléctrica y voló hasta los rodetitos mejor armados de las más teen. Un ejemplo de lo que es ROMPERLA. Cuál sirena mitológica (una analogía no muy feliz, pero cierta), la melodía te dejaba colgado mirándolos con la boca abierta, ¿cómo hacen para tocar tan bien? Se pasaron del horario, y por supuesto, no les importó en lo más mínimo.

Llegó el duo de los DJs, The Chainsmokers. ¡No se rían!, les juro que mezclaron la música en vivo… Los que los escuchamos en el Lolla del 2015, no podíamos creer como pasaron de pegar saltitos mientras tarareaban “I wanna be like Kanye” (es una canción de verdad), a la performance que dieron el Viernes. No hubiésemos apostado por ellos, pero dieron un show digno de un cierre de Lolla Palooza: para cantar y bailar a más no poder.

Sábado 1 de Abril.

Como todo día dos, nos encontró más cansados y dispuestos a descansar las piernas en todo momentito libre que nos hacíamos. Las lonas se hicieron presentes y la cuidadosa elección del line up ayudó a generar un clima agradable de relax, para sobrellevar el cansancio y el sol que calcinaba espaldas.

Tegan and Sara, nos hicieron reír y cantar sus canciones tirados en el pasto: Tegan no paraba de burlarse de como pronunciábamos Sara acá en Argentina; y Sara, un tanto más tímida se limitaba a asentir y agradecer. Las hermanas fueron la fórmula exacta que ese horario necesitaba, y todos nos fuimos a ver a Catfish and The Bottlemen con los motores precalentados.

Si bien el sonido del Main Stage 1 (y por momentos del 2) no era perfecto porque subía y bajaba bien entrada la tarde, Catfish reventó la tarde con una acústica fenomenal. Se sentía la vibración en el corazón, y a mitad del segundo tema, probablemente porque ya lo teníamos en la garganta, vibrábamos en todo el cuerpo. Deberían haber cerrado con Cocoon (cuando todos recitábamos la letra), pero de todas formas, atraparon la atención de un público que a las cuatro de la tarde es más bien desinteresado.

Después pasó un Jimmy Eat World que no aportó nada nuevo y tenía pares de acordes idénticos en varias canciones. Muy One Tree Hill para una época y un público que escucha mayor variedad y busca lo diferente.

Pero no nos amargamos mucho, porque un rato después arrancó el show de Duran Duran: el auge del festival. Cincuentones, niños pequeños, adolescentes tuneados a lo Coachella y metaleros se unieron para cantar sus himnos. Una vibra que desbordaba buena onda. Con prendas muy coloridas y un homenaje a Bowie no solo nos hicieron gritar, sino también desplegar uno que otro pasito.

Llegaron los muchachos de Two Door Cinema Club, y creo que todos quisieron poner pausa infinita a ese momento. No fue solamente la calidad instrumental ni vocal la que nos dejó delirando, sino también la actitud de la multitud, que no paraba de moverse y de gritar. Una viola afinadísima que rebotaba por todo el escenario y una batería que parecía no cesar. La escenografía iluminada colaboró para crear una atmósfera inolvidable.

Dos segundos de Melanie Martinez saliendo de una cuna gigante bastaron para que todos se dieran cuenta que está demente. Con temas originales, pero pobremente cantados (más bien, gritados), dio un show brillantina que dejó a sus fans contentos.

The Strokes fue la revelación de la noche. No esperábamos a un Julián Casablancas tan afinado después de su performance en el 2014 (donde apenas se podía escucharlo, de lo mal que cantó). Nos cerró la boca y dio un show impecable en el que tocó más temas que en otros países y que comenzó con Reptilia versión cumbia. El mejor momento de todo el Lolla Palooza, las caras de la gente fueron impagables.

The Weeknd hizo una movida inteligente, llegó a Buenos Aires en el mejor momento de su carrera y desplegó su destreza vocal al tope. Por momentos muy Michael, revolucionó a una multitud eufórica que respondía más que positivamente a sus pasos de baile improvisados.

El broche de oro supuestamente era Flume. Pero no tuvo nada ni de broche, ni de oro. Muy buen DJ, desde ya; pero no es el estilo que se necesita para cerrar un Lolla, y menos en el día dos. Muy lento y hasta demasiado perfecto, su sonido dormía las piernas cansadas y los corazones agitados de los que concurrimos. La gente se empezó a ir temprano, y los pocos que quedaban se sentaron a relajarse. Definitivamente debería haber cerrado el gran Martin Garrix, que hipnotizó al público con su carisma. Si bien tocó casi en el mismo momento que The Strokes, atrajó a la mitad del festival sin discriminar edad ni género. Pogos interminables que fueron el mejor desenlace.

La música es encuentro, y más allá de todo, este tipo de festivales unen estilos, generaciones, corazones y géneros. ¡Larga vida a la música en vivo!

Reviví un poquito de lo que fue el Lolla Palooza 2017, mientras esperamos por el after movie:

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