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Centro educativo Alborada Sur: «Interactuar con la discapacidad y no hablar de inclusión sino de convivencia»

  • Gisela Valdivia
  • 6 octubre, 2019

Si enseñamos a los niños a interactuar con la discapacidad, no será necesario hablar de “inclusión”, sino que hablaremos de “convivencia” y para convivir con lo diferente en una sociedad es importante dar pasos seguros, que sean sustentables y constantes, en el camino correcto para lograr la igualdad de oportunidades.

Si bien en materia de discapacidad se han logrado avances tanto en nuestro país como en el mundo (con la declaración de la Convención Internacional de los Derechos de las Personas con Discapacidad, la ley de adhesión CID PCD 26378 y la 24901 sistemas de prestaciones básicas.(leyes nacionales de adhesión a la convención y de sistema de atención), es necesario que en el discurrir diario, esos derechos alcanzados en las normas sean respetados con la misma naturalidad con la que deben ser ejercidos.

Mientras tanto, la visibilización de esos derechos es una condición necesaria. Del mismo modo deben ser respetados y visibilizados los derechos de las instituciones educativas y sanitarias que permiten que las personas con discapacidad puedan desarrollarse logrando una mejor calidad de vida. Entre las acciones que desarrollan figura tareas comunitarias, recreativas, sociales o laborales que permiten que esos niños, jóvenes y adolescentes se incorporen naturalmente en una sociedad realmente inclusiva.

El trabajo de estas instituciones cobra más importancia teniendo en cuenta que los niños adolescentes y adultos con discapacidad así como sus familias, encuentran múltiples limitaciones a la hora de adaptarse socialmente, básicamente, porque es la misma sociedad, la que no está preparada.

Un claro ejemplo es la falta de infraestructura en lugares públicos como subtes, oficinas, y otros medios indispensables para cualquier ciudadano que en el caso particular de quien, por ejemplo sufre una incapacidad motriz, se encuentra limitado con la ausencia de rampas o espacios físicos que le permiten circular con facilidad.

Otro ejemplo es el desconocimiento de las conductas de personas que sufren trastornos del desarrollo, autismo, o algún grado de discapacidad mental, por lo cual sus necesidades no sólo terminan no siendo comprendidas sino que además derivan, en la mayoría de los casos, en actitudes discriminatorias.

Por este motivo, la educación tiene un rol fundamental no sólo para las PCD sino también para la sociedad en su conjunto, incluyendo especialmente a educadores, profesionales de la salud, integrantes de las fuerzas de seguridad y equipos técnicos del sistema judicial, entre otros.

Afortunadamente estrategias educativas y terapéuticas de abordaje para ampliar la interacción y el aprendizaje de los niños y niñas con discapacidad así como también avances tecnológicos han permitido que personas sin lenguaje verbal -por citar un ejemplo- puedan comunicarse mediante la existencia de softwares específicos, algo que se ha transformado en realmente revolucionario.

En estos días, en una charla con una madre de un niño con autismo, pude entender hasta dónde nos encontramos atrasados en el tema de la inclusión, desde los hechos cotidianos más pequeños hasta los más evidentes, como puede ser por ejemplo, la falta de vacantes para niños especiales en escuelas tanto públicas como privadas.

Además tuve la posibilidad de conocer en Burzaco, un Centro Educativo Terapéutico, “Alborada Sur” donde decenas de niños, niñas y jóvenes, participaban de actividades escolares, lúdicas, y laborales como el taller de cocina a cargo de Laura, quien contó los objetivos que se proponen y que hace «hincapié en que los chicos incorporen el hábito de la higiene ya que es un punto clave en este espacio».

Además, que busca que aprendan a manipular los alimentos, identificar los ingredientes e incorporen hábitos de comida saludables, como así también que adquieran la costumbre de trabajar en equipo, respetar los tiempos de espera, asumir diferentes roles a la hora de elaborar una comida y que entiendan la importancia de servir al otro.

Hoy los chicos lo primero que hacen al entrar a la cocina es lavarse las manos, sin que nadie se lo indique previamente. Saben que antes de empezar a cocinar, tienen que ponerse delantal y gorro, entienden que antes de comer hay que poner la mesa, saben que luego hay que levantarla y lavar los platos todas esa pequeñas cosas son triunfos que vamos logrando a lo largo del taller.

Mara, a cargo del taller de arte, sostiene que «es una actividad subjetiva, por el cual cada persona puede expresar sus emociones, pensamientos o conflictos de manera libre, en la Alborada, brindamos un espacio y herramientas para que los concurrentes, por medio del acompañamiento profesional puedan orientarse hacia este fin, se realizan en los talleres trabajos grupales pero con objetivos individuales.

Se han llevado a cabo además, un taller abierto con padres, donde se pintó la bandera que representa al instituto, siendo esta una experiencia inclusiva para padres concurrentes y la institución.

La apuesta por la máxima autonomía que cada persona pueda adquirir, logrando así su máximo potencial no es entonces una frase hecha sino que es una necesidad imperiosa, cuya realización hay que lograr con el trabajo mancomunado de un equipo interdisciplinario que desarrolle su tarea con la moral y la ética que la situación amerita, tanto para el trato con las personas involucradas como con sus familiares.

En este sentido, el equipo trabaja con niños y niñas desde los 4 años que tienen condiciones del espectro autista, psicosis, y otros problemas de desarrollo. Las historias son muchas pero tomé esta que me resultó ejemplificadora de la tarea que se se realiza y los logros.

Un niño de 4 años con trastorno generalizado del desarrollo, que estuvo viviendo en un hogar por dificultades familiares con el apoyo del área de niñez municipal, su padre pudo llevarlo a vivir con el y solicitaron ingresar al CET. En un inicio fue muy difícil su adaptación solo gritaba y quería irse, a través del trabajo del equipo profesional hoy come con cuchara sentado en la mesa, juega con los docentes y se empieza a vincular con sus compañeros.

Colaboración: Antonio Crudo

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